|
Con la gran diferéncia que
ahora eran de verdad y los cuadros radiaban una luz
misteriosa. Era a causa de unos foques que estaban
puesto con mucho disimulo en el techo de la galería.
Como ya decía antes parecía estar en otro mundo ya
no se oía el ruido de la Gran Vía, parecía estar
lejos más lejos de lo que era en realidad. El tiempo
había de cierta manera parado y todo estaba envuelto
en un aire misterioso, era como un islote de un
Atlántida espiritual ya desaparecida. Entré más en
la galería y al fondo a la derecha veía como un
pequeño despacho donde estaba un hombre escribiendo
a maquina. Yo creía que no se había dado cuenta de
mi pero de pronto alzó su cabeza y me decía: " Entra
entra Usted puede mirar y preguntar lo que quiere."
Era sin duda el hombre que había visto antes en la
fotografía y me acerque un poco más hacía él. Me
presenté y decía que dando un paseo por la Gran Vía
me había encontrado con su galeria. Me preguntaba de
donde era y dige que era holandés. ¨Ajá del país de
Rembrandt¨ exlamó ¨este hombre fue un pintor de
verdad.¨ Y Guajardo movía sus brazos hacía arriba
para accentuar más sus palabras. Yo confirmaba
también mi admiración por Rembrandt pero al mismo
tiempo nombraba dos grandes pintores españoles,
Velazques y Goya. Guajardo afirmó que habían sido
grandes artistas y además Goya era paisano tuyo.
Guajardo era también aragonés. Y asi entablamos una
conversación muy interesante y agradable. Guajardo
me llevó a sus cuadros y sugún ibamos pasando
explicó que él no utilizaba pintura de olio sino de
cera porque la cera era eterna y el olio se
deterioraba a lo largo del tiempo. Me explicó
también que lo costó muchisimo trabajo encontrar la
fórmula para poder mezclar los colores porque
normalmente es imposible mezclar la cera para hacer
colores y más los colores tan especiales con que
pintaba él. En una pequeña sala más atrás bajando un
par de peldaños nos detuvimos un rato ante un cuadro
precioso donde se veía la cara de Cristo en
transfiguración. Parecía que el cuadro vivía y la
cara de Cristo iba disolviendo y poco a poco
desapareciendo en el cosmos. Luego me hizo sentar en
un taburete al lado de su despacho y Guajardo me
recitó unas de sus poemas. Me quedé maravillado por
la belleza de sus poemasy le dige que algún día
tendría que publicarlas.¨De momento me quedo con
ellas.¨ Me contestó. Después de nuestra charla me
despedí con mucho entusiasmo de Guajardo dandole las
gracias y prometerle a vover pronto.
Cuando salí del portal el ruido de la Gran Vía
parecía aun más y dí más marcha a mis pasos para
llegar a casa pronto.
A lo largo de los años, cuando estaba en Madrid,
visitaba con mucha frecuencia la Galería de
Guajardo. Cuando le dije un día que me dedicaba a la
guitarra flamenca se entusiasmó mucho, porque le
gustaba mucho el cante flamenco. Y asi llevé en
ocasiones mi guitarra a la Galería hasta organizar
un par de fiestas con muchos amigos de Pedro. Una de
esas fiestas quedó grabado por su hijo Pedrín que
tocaba el piano. A final nos hicimos amigos y
siempre cuando entraba en la Galería decia Guajardo
en voz alta: " Aqui tenemos Humberto con H mayúscula
el holandés errante.¨ Hasta su muerte en 2004 nos
quedamos grandes amigos. La Galería de Pedro con el
bonito porche que se veía a distancia en la Gran Vía
ya ha desaparecido desde hace años pero cuando paso
por ahi y me acerco al portal parace que estoy
escuchando esa música que daba un son tan misterioso
con esa luz tenue en la Galería Bell Art de Pedro
Guajardo.
|