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El
chaval tan valiente se llamaba Pedro Morito Marín y
fue uno de mis amigos más grande que tuve en España.
Esa historia me contó su hija después de su muerte.
Pero vamos empezar por el pricipio. En el año 1968
me encontraba en la costa de la provincia de Málaga
entre Marbella y San Pedro de Alcántara. Fui ahi
para visitar a mi madre que había alguilado un
estudio en una nuava urbanización que se llamaba,Andalucía
la Nueva. Como siempre traje mi guitarra también y
para no molestar demasiado mi madre o los vecinos
con mis ejercicios fui a buscar un sitio muy
simpático y tranquilo a unos kilómetros pais hacía
dentro.Me había acampado debajo de unos pinos que
daban un poco de sombra y frescor en porque estaba
en pleno verano. Un día cuando estaba sumergido en
un toque flamenco me daba la impresión que algo o
alguien me estaba vigilando y cuando alcé mi cabeza
me daba cuenta que se habían sentado un hombre a
unos metros de mi. Yo segui tocando por que él me
daba la impresión que me estaban escuchando con
mucha atención y gusto. Cuando terminé mi toque
exlamó unas palabras de admiración. Yo hize señas
para que se acercara más y él se presentó a mi
diciendo que se llamaba Pedro Morito de profesión
pastor de ovejas y que le gustaba mucho el flamenco.
Yo me presenté también y explique donde estaba
hospedado y que solía venir todas las tardes y
estudiar la guitarra. Pedro me decía que tenía que
seguir con las ovejas y yo le contesté que tenía que
volver a casa pero que mañana estaría otra vez sobre
la misma hora.
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Casa del El Pastor
Pedro |
Y asi fue, yo venia todas las tardes al mismo lugar
debajo los pinos y cuando pedro tenía tiempo venía a
escucharme y después mis estudios y pequeño
concierto yo le escuchaba a él. Yo ya me había dado
cuenta que Pedro le gustaba mucho hablar y me daba
cuenta también de que sus conversaciones tenían un
gran sentido. El sabía muchas historias de lo que
había pasado en la comarca y Pedro sabía también
poesias y muchas hechas por él. Me contó todo de
memoria porque Pedro no sabía a penas ni leer ni
escribir. A los dos semanas me tenía que volver a
Madrid pero le prometí que cuando iba otra vez hacía
el sur vendría a buscarle.

Impressies
de la casa del El Pastor
Pedro |

El Pastor
Pedro y son casa |
Y asi fue cada vez cuando bajaba a Andalucía venía a
ver a el pastor Pedro. Poco a poco nos hicimos
grandes amigos y para mi Pedro se reveló como un
hombre muy sabío, simpático, honrado y muy valiente.
Una vez traje mi primer magnetófono de cassette y le
pedí permiso para poder grabarle. Le parecía bien y
asi empezé a grabar sus historias y poesias. Como yo
venía solo me acampaba debajo los pinos y dormía ahi
con el cielo como el techo. Muchas veces venía Pedro
ya de noche y me guiaba hacía una loma y ahi nos
sentabamos.
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Con el calor ya bastante menguado se
veía como al lo lejos se reflejaba la luna en el mar
y mirando hacía arriba se contemplaba el firmamento
con una exploción de millones de estrellas mientras
una brisa fresca veniendo del mar llevaba el sonido
de las campanillas de las ovejas. Me impresionaba
mucho este ambiente hasta a veces me daba un especie
de escalofrío sentiendo el misterio de esos momentos
pero no menos impresión y escalofrios me daban las
historias que me contaba Pedro.
Cuando me tenía que despedir nos poníamos muy
tristes y yo me quedaba siempre con la promesa,
sobre todo cuando me regresaba a Holanda, que le
mandaría un postal con solamente dos palabras en
letras grandes, ¨ESTOY BIEN¨. Porque esto sí lo
podía leer y era lo suficiente para que Pedro
estaría tranquilo sobre mi paradero. Un día estando
en Holanda me llegó la noticia de su muerte. Yo
sabía que él no estaba muy bien de salud y que se
había hecho mayor de edad.
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La última vez que nos vimos prometí buscarle en la
cima de la Montaña Blanca que domina todos los
alrededores de la comarca. Sabía que gran parte de
su vida había sido alredor de esta montaña y yo
siempre quería subirla. Años después la muerte de
Pedro me guió su yerno hacía la cumbre de la Montaña
Blanca. Me quedé unos 200 metros de la cima porque
se había hecho tarde y la bajada era larga. Cuando
me dí la vuelta para volver mi dió un escalofrío y
sentía una gran emoción.Me saltarón las lágrimas y
de repente sentía Pedro muy cerca y me venía un
sentir de gran gratitud. Faltarón 200 metros pero mi
intento fue noble. Sé que cuando voy hacer mi última
escalada Pedro me esperará.
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